Por qué la seguridad urbana necesita inteligencia, no más cámaras

Escribe Maximiliano León Espinoza, especialista en videovigilancia y sistemas VMS de Toltech Group

En la Argentina, las estadísticas de seguridad muestran una paradoja. Por un lado, la tasa nacional de homicidios dolosos cerró 2025 en 3,7 cada 100.000 habitantes, una baja interanual del 5,6%, según datos del Ministerio de Seguridad Nacional. Por otro, el Barómetro de Seguridad 2025 registró un aumento del 20% en los incidentes de seguridad a nivel nacional.

La mejora en los indicadores de homicidios es una buena noticia. Pero no alcanza para afirmar que el problema de la inseguridad urbana esté resuelto. De hecho, el 57,5% de los homicidios ocurrió en la vía pública, lo que vuelve a poner el foco en la seguridad de los espacios urbanos abiertos.

El desafío actual no pasa solo por reducir los delitos más graves, sino por gestionar entornos urbanos cada vez más complejos, donde robos, incidentes y situaciones de riesgo ocurren a gran escala y en tiempo real. Por este motivo, la discusión ya no debería centrarse en cuántas cámaras tiene una ciudad, sino en qué tan inteligentes son sus sistemas de seguridad.

Durante años, muchas estrategias de seguridad pública se enfocaron en aumentar la cantidad de cámaras. Sin embargo, la experiencia demuestra que la videovigilancia por sí sola no alcanza. La diferencia hoy está en la integración tecnológica: inteligencia artificial (IA), videovigilancia avanzada, comunicaciones de misión crítica y ciberseguridad trabajando como un sistema unificado.

Cuando estas tecnologías se integran correctamente, los centros de monitoreo dejan de ser espacios donde simplemente se observa lo que ya ocurrió. Empiezan a transformarse en plataformas capaces de anticipar incidentes.

La IA permite detectar patrones de comportamiento sospechosos, generar alertas tempranas y habilitar búsquedas forenses inteligentes, lo que reduce de manera significativa los tiempos de investigación. En otras palabras, la seguridad deja de mirar el pasado y empieza a trabajar sobre escenarios futuros.

Esto no solo mejora la capacidad de prevención. También permite optimizar los recursos policiales, dirigir patrullajes con mayor precisión y acortar los tiempos de respuesta frente a emergencias.
Sin embargo, para que estos sistemas funcionen de forma sostenida hay un aspecto que muchas veces queda fuera del debate: la infraestructura tecnológica y la ciberseguridad.
Las ciudades que implementan sistemas avanzados de videovigilancia y monitoreo manejan enormes volúmenes de datos sensibles. Por eso, la protección de la información y la resiliencia digital deben integrarse desde el diseño mismo de la infraestructura.

La seguridad urbana del presente —y sobre todo del futuro— no depende solo de cámaras o patrulleros. Depende de ecosistemas tecnológicos capaces de integrar datos, anticipar riesgos y coordinar respuestas en tiempo real.

La buena noticia es que muchas de estas tecnologías ya existen y están disponibles. El verdadero desafío es adoptarlas de manera estratégica y con una visión de largo plazo. Porque, en materia de seguridad urbana, la diferencia ya no la hace la cantidad de dispositivos instalados, sino la inteligencia del sistema que los conecta.

(*) Maximiliano León Espinoza: Especialista en videovigilancia y sistemas VMS de Toltech Group